¿Qué pasó?

Desde nuestro último post en el mes de noviembre han sucedido tantas cosas y casi todas malas, que decidí no dejar constancia de ellas en Internet. Creo que no es útil cuando algo así sucede. De hecho, la intención de éste inicio de blog era animar a nuevos emprendedores y que pudieran vivir, paso a paso, la realidad de la iniciación de un negocio sin necesidad de pasar por ello.

Nada sucedió como esperábamos. Muchos dirán que eso es normal, que las obras siempre dan problemas, etc., etc., etc. Mentiras piadosas sin sentido y vacías. Las obras pueden ir mal, tener desviaciones presupuestarias o en el tiempo, cambios, incertidumbres y hasta inconvenientes, algunas veces, insalvables pero lo que no puede ser es que una legislación contemplativa y permisiva autorice que cualquier persona, con o sin conocimientos, se atreva a montar -y pueda hacerlo- un negocio legal de lo que sea, ingeniería, construcción, fontanería, etc., sin conocimientos ni exigencias legales que le posibiliten actuar y perjudicar a sus clientes libremente.

Pero lo peor ya no es eso sólo eso sino que, además, no existen -fuera de los tribunales- canales que permitan denunciar y advertir de la mala praxis empleada por dichos empresarios que atacan directamente a la base del sistema, especulando y dejando tirados a clientes y empleados sin distinción alguna, quedándose eso sí, faltaría más, con el dinero de unos y de otros. En tanto la legislación no prevea mecanismos que permitan perseguir a esos ‘elementos’ sin necesidad de acudir a los tribunales ni de meterte en interminables pleitos sembrados de costos y gastos, declarados y ocultos, que sólo te conducen hacia la maldición gitana de “pleitos tengas y los ganes”, se trabajará en la construcción y en otros muchos sectores con dinero negro; se contratarán inmigrantes sin declarar y “sin pagarles”, ni tan siquiera, sueldos irrisorios y humillantes; seguirán trabajando de pladuristas, electricistas y fontaneros, personas que no alcanzan ni el nivel de aprendiz de paleta; contemplaremos pérdidas irreparables de vidas humanas por subirse a los andamios y a los tejados a obreros sin las debidas protecciones y, así, un seguido, continuo y largo etcétera.

Por todo eso, preferimos no seguir escribiendo. Ahora sólo podemos dar gracias a Dios de que nada irreparable sucedió y sólo me cabe una duda: ¿Vale la pena denunciar a un tonto por serlo, siendo buena persona? Tal vez no, pero no debería continuar perjudicando a la comunidad.Vinilo ventanal.jpg

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